miércoles, 1 de julio de 2009

La luna, la mañana y la lluvia.

La luna pierde en cada vez su sonrisa menguante:
mira mucho hacia abajo.

Uno sin poder consolarla se une al túnel negro de la metrópoli,
asfixiando cada palpitar sincero y enigmático,
porque siempre acecha el ladrón de sueños,
y ya desnudos, volver a empezar.

Poco a poco el mundo descarta posibles giros improbables
y todo adquiere trayectoria.
La lluvia elíptica empañó nuestros sentidos,
quedando sólo una estela del ayer.

Nada sorprende a la melodía de la mañana,
menos cuando los cantos dicen haber perdido más de una razón…

1 comentario:

Natàlia Senmartí Tarragó dijo...

Mauricio, bienvenido a mi blog !salve!
A mí me va pareciendo que los cantos...han perdido más de una razón, son como caracolas que escuchan su propio eco.
El ladrón de sueños acecha, desde siempre, mejor estamos desnudos, así, poco nos pilla, sólo las palabras, mientras, nadamos.
Bso, natalí