viernes, 3 de julio de 2009

Amanecer de madrugada.

Me cubre una ansiedad enrarecida,
suavidad dispersa sensible en cada célula,
un deseo del mañana tangible y vacío a la vez,
atenuante sólo de una necesidad.

Cuando llega a veces,
puntual se consume en pasos pequeños por ligeros,
alterna sonidos y luces cubriendo a la obscuridad absorta,
y termina por negarse conforme a su agenda:
la cara del planeta vuelve a inmacularse.

La noche saluda y se desvela,
su brillo y frescura,
su sinceridad desdeñada,
los gritos ahogados en el silencio,
todo nuevo, todo fugaz y recuerdo.

Esas horas de confesión celosas y ciegas
son las que dominan mi voluntad,
porque el amanecer ya no recuerda,
ni sorpende,
sólo condena.

2 comentarios:

Natàlia Senmartí Tarragó dijo...

Mauricio, son tus palabras, chispas en la noche, o oscuridades en el amanecer, gritos y silencios, contradicciones de llenos y vacios.
Ya no recuerdas, "amanece, que no es poco",
bsito, natalí

Acuarius dijo...

ilumina...