Porque las palabras se secan, cuando al espíritu lo envuelve la mente, mientras ella misma pierde fe por lo que no pudo explicarse.
Pero sin temerle al día siguiente, la mirada se contiene por caminar en línea recta a través del trazo perdido, o tal vez olvidado: aquél que en la obscuridad siempre supimos vislumbrar.
Y más que una voz tierna, es la lluvia quien sólo purifica y a su vez contiene el fuego, ahora desconocido por el impulso y despertar del amanecer.
Cuanto más tiempo le resta a nuestra espiral, menos liberamos las esencias características, más filtramos esas voces naturales, mucho evocamos viejas escenas, y menos aventuramos la voluntad, otrora presumida y rebelde.
En el sueño y su interferencia: "Tal vez llegué sin saber lo que buscaba... y todo ocurrió cuando el reflejo cadencioso de los años transparentó lo que nunca pude vislumbrar, entonces me fui, sin haberlo encontrado..."
Una visión concreta de un objeto que nace y constantemente se pule, para merecer sólo cierta contemplación de naturaleza angulada y filtrada. @M_Ortega81